

Hasta el momento no se informaron oficialmente las causas ni las circunstancias de su fallecimiento, pero Que Pasa Salta pudo conocer que se encontraba hace cuatro meses atravesando una dura enfermedad. Sin embargo, el impacto de su partida ya se siente con fuerza en distintos ámbitos culturales, comunitarios y tradicionales.
Severo Báez fue, durante décadas, un incansable difusor de la copla y la baguala, expresiones profundas de la identidad del norte argentino. Junto a su esposa, Rafaela Gaspar, dedicó su vida a preservar y transmitir las costumbres ancestrales de los Valles Calchaquíes y la Puna, convirtiéndose en referentes indiscutidos de la cultura popular.
Uno de los espacios más significativos de su legado fue su casa en Villa Primavera, en la ciudad de Salta, que cada 1° de agosto se transformaba en un lugar de encuentro abierto a la comunidad para la tradicional celebración de la Pachamama, ceremonia que año tras año convocaba a vecinos, artistas, copleros, turistas y medios de comunicación.
Además, Severo Báez fue una figura clave dentro del Centro de Residentes Vallistos y Puneños, institución desde la cual impulsó y sostuvo celebraciones emblemáticas como el Día de la Tradición, el Carnaval Grande y múltiples encuentros culturales, siempre con el objetivo de honrar las raíces, la memoria colectiva y la identidad del pueblo.
Su trayectoria, documentada desde hace más de seis décadas, lo posicionó como un símbolo viviente de la cultura ancestral, un hombre profundamente ligado a la comunidad y a las tradiciones que hoy forman parte del patrimonio cultural salteño.


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